viernes 26 de junio de 2009
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sábado 13 de junio de 2009
viernes 12 de junio de 2009
Manic Street Preachers: Las bibliotecas nos harán libres

Sí, sé que últimamente parece que estoy un poco obsesionado con este grupo, pero es que su último disco me ha hecho redescubrir la importancia que tienen en mi vida Manic Street Preachers. Vaya, no es que les haya redescubierto, porque nunca se habían ido, pero sí estaban relegado a un cierto segundo plano de mi discoteca. De hecho, ni siquiera estaban en mi top de Last Fm, lo que es preocupante (por cierto, mi nombre de usuario de Last es "AnthonyPatch", me pueden buscar).
Todo esto viene a cuento de Journal for Plague Lovers, su nuevo elepé. El álbum recupera las letras que les entregó personalmente Richey James a Nicky Wire, James Dean Bradfield y Sean Moore poco antes de desaparecer de la faz de la tierra. Algunas de ellas se utilizaron para el Everything Must Go, pero la mayoría quedaron guardadas en un cajón... hasta ahora. Los poemas de Richey son un prodigio de introspección, rabia, ironía, humor (sí). Y las canciones que han grabado junto a Steve Albini son mucho mejores de lo que cualquiera podría esperar: crudas, ásperas, salvajes y profundamente melódicas. Como los mejores Manics de siempre. Es más, estoy por afirmar que es su mejor disco tras The Holy Bible y Everything Must Go.

A ver, no me voy a hacer aquí el interesante con los Manics. La primera vez que oí hablar de ellos fue cuando hicieron una gira europea con Suede (1994) y después, en enero de 1995 con la noticia de la desaparición de Richey. Tenía yo 14 añitos, todos de oro (y mi combinación en corro, como dice el poema de Blas de Otero). Pero no era fan y tampoco puedo decir que fuera demasiado consciente de lo que eran los Manics. Luego llegó A Design For Life y todo cambió. La primera vez que escuché el tema fue en Plásticos y Decibelios, el programa que tenía Julián Ruiz en 40 Principales, ahí es nada. Y me flipé a muerte con ese disco. En un primer momento, me chocó la voz gritona de James. Pero caí rendido a los estribillos épicos y a unas letras que hablaban de Kevin Carter, Willem De Kooning o Sylvia Plath.
La flipación total por ese disco, me hizo investigar el pasado de este grupo galés. Y me encontré con discos de todo pelaje. Pero sobre todo, descubrí a un grupo fascinante. Los Manics son apasionantes, contradictorios, maniqueos, inteligentes, sexys, profundos... Casi todo lo que deberían ser las estrellas del rock. Una banda que habla de COSAS. De sentimientos, sí. Pero también de historia, de política, de las miserias y grandezas de nuestra sociedad. Cuando uno es fan de los Manics entra en una especie de culto que lo diferencia de otros grupos. Es otro tipo de intensidad, de sentirse un poco diferente por el hecho de que te molan los Manics es vez de cualquier otro grupo. Obviamente, uno cae en estupideces como fliparse por los aspiradores o la automutilación. Pero es lo que hay.
Su carrera musical es larga y tendida. Después de publicar algunos singles en el sello Heavenly, Sony editó su primer álbum (Generation Terrorists) en 1992. Es un trabajo de glam-rock salvaje en el que se oyen ecos de Guns 'n' Roses y The Clash... y es un disco fallido, la verdad. Su intención era "vender 16 millones de discos y separarse". Bueno, pues no consiguieron ninguna de las dos cosas, casi mejor para todos. Cuando me refiero a "fallido" lo hago desde la perspectiva de un combo que quería hacer un megaclásico y se quedó en una obra irregular: tiene canciones que son para morirse de buenas (Slash 'n' Burn, Little Baby Nothing, Motorcycle Emptiness, You Love Us, Natwest-Barclays-Midlands-Lloyds, Stay Beautiful, So Dead) y otras que no tanto. Fue el inicio de algo, la aparición de unas estrellas en las que SÍ se podía creer. Que eran DE VERDAD. Y si alguien opinaba lo contrario, ahí estaba Richey para tatuárselo en el brazo con una cuchilla delante de Steve Lamacq. Fue un día cualquiera en Norwich.

Gold Against The Soul (1993) es el peor disco de su carrera. Ellos seguían molando más que nada y las sesiones de foto y entrevistas son puro arte situacionista: lo mejor de lo mejor. Suicide is Painless (Theme from M.A.S.H.) les supuso un jitazo de categoría. Y el elepé tiene temazos que son de los mejores de su carrera (Sleepflower, Roses in the Hospital, La Tristessa Durera, From Despair to Where), pero el rollo sub-metalero en el que caían a veces no molaba nada. Un grupo así demandaba que su música fuera más especial, que no se pareciera a nada más que circulara por ahí.
Lo consiguieron con The Holy Bible, uno de los discos más absolutamente tremendos DE LA HISTORIA. Las pintas glam se convirtieron en estética paramilitar y la música pasó a ser una mezcla increible de punk y postpunk que ríete tú. Las guitarras suenan como cuchillas, las baterías marciales y, pese a todo, las canciones son pura melodía. Dis-ca-zo apabullante. Cada canción venía precedida de un corte de audio y las letras (escritas en su mayoría por Richey) hablaban de la anorexia de Richey, de sus tendencias autodestructivas, de experiencias chungas en Tailandia, de regímenes totalitarios... En general, son óscuras y de muy mal rollo.
Y en esto que, el día antes de iniciar una gira por Estados Unidos, Richey Manic abandona a primera hora de la mañana su habitación del London Embassy Hotel (está en Bayswater, por si alguien quiere visitarlo -yo lo he hecho, claro-). Su coche es encontrado poco después en el Severn Bridge, un puente conocido por ser lugar de un montón de suicidios en Reino Unido. Dentro del coche se encontró el pasaporte de un Richey que se había rapado la cabeza poco antes. La investigación continúa y se descubre que había estado retirando la cantidad máxima diaria de dinero disponible de su cuenta bancaria. Y hasta ahora. Hubo gente que afirmó ver a Richey en lugares tan distantes como Goa y Fuerteventura, pero no se supo más de él. El año pasado fue declarado oficialmente muerto por parte de su familia. El resto de los Manics, mientras tanto, le han seguido guardando su parte proporcional de royalties hasta ahora.
Muchos sospechaban que la inquietante desaparición de Richey supondría la separación del grupo. Musicalmente, Richey nunco tuvo importancia alguna en la banda, pero siempre fue el líder, el ideólogo. Los Manics decidieron continuar... y lo hicieron editando quizá el mejor álbum de su carrera y uno de los mejores de los 90. Everything Must Go (Todo debe continuar, 1996). Un álbum más pop y accesible que el anterior, pero igual de bueno. Se inauguró así la edad dorada comercial del ya para siempre trío. Curiosa coincidencia. A partir de ahí, giras masivas, millones de discos vendidos y el respeto de todo el mundo. Siempre quedará la duda de si esto hubiera sido posible con Richey y, de hecho, si él lo hubiera permitido y/o disfrutado.

El siguiente paso de los Manics no hizo más que confirmar su status comercial, vestidos de blanco y apostando definitivamente por el pop: This Is My Truth Tell Me Yours (1998), que contenía unos cuantos singlelazos y temazos (The Everlasting, Tsunami, You Stole The Sun From My Heart, You're Tender & You're Tired, If You Tolerate This...) pero que significó un bajón con respecto al anterior. Sólo los mediocres están siempre en su mejor momento.
Después de publicar un álbum de grandes éxitos y de caras b (Lipstick Traces, disco que recomiendo encarecidamente), los Manics trataron de recuperar su mojo con Know You're Enemy (2001). Vale, el disco no obtuvo buenas críticas, pero a mí siempre me ha parecido infravalorado. Es cierto que algún tema es demasiado (demasiado naïf y demasiado exagerado), pero en conjunto me parece que tiene un montonazo de temazos brutales: So Why So Sad, Ocean Spray, The Convalescent -uno de los mejores de su carrera, brutal-, Freedom of Speech Won't Feed My Children, The Year of Purification, Let Robeson Sing, Intravenous Agnostic...).
Imagino que la banda pensó que era el momento de un cambio radical. Los rumores de separación volvieron a entrar en acción y ellos parecían estar en un momento de ni fú ni fá difícil. Know Your Enemy no funcionó como se esperaba y la cosa está como en tierra de nadie. James, Nicky y Sean optaron por cambiar radicalmente su sonido y entregar un disco como de pop de sintetizadores un poco raro, Lifeblood (2004). Se agradece la intentona, pero para mí no terminó de tener sentido. Obviamente, en el disco había temazos, es algo que ellos saben hacer con los ojos cerrados: The Love of Richard Nixon, el primer single, era curioso, Empty Souls es todavía mejor y A Song For Departure tendría que estar en cualquier recopilación "best of" suya. En todo caso, que poco Manic es esta colección de canciones. Es como si fuera de otro grupo diferente, más frío, menos apasionado por la música. Interesante, pero no más.

Con estos dos últimos discos, parecía claro que el nuevo siglo nom sería el de los Manics. Típico grupo cuyo pasado pesa como una losa sobre el presente y que jamás sería capaz de entregar un disco bueno de verdad. Bueno, pues todo el mundo se equivocó. Quizá ni ellos mismos se esperaran volver por sus fueros. Pero lo hicieron, primero con Send Away The Tigers (2007), en el que volvieron a encontrar el punto de efervescencia que necesitaban. Sonaba a banda rejuvenecida, a gusto consigo misma y con su pasado. Your Love Alone Is Not Enough, cantado a medias con Nina Persson (The Cardigans) es quizá la canción más puramente pop de su carrera. El disco, en realidad, era muy pop, pero armado con las guitarras de James. Y no deja de ser ruidoso y vibrante. Cada tema funciona, la épica está bien entendida y el uso de teclados y cuerdas es casi perfecto. Claro, lo que no se podía esperar es que ese triunfo lo confirmaran con el majestuoso Journal For Plague Lovers, CD con el que hemos empezado esta disertación.
Grandes, muy grandes. Y sobre todo, importantes.
Os añado algunos videos imprescindibles para entender de qué va todo esto.
Para terminar, mi top 20 de canciones de los Manics, post completito:
20. The Intense Humming of Evil
19. Natwest-Barclays-Midlands-Lloyds
18. Enola/Alone
17. Prologue to History
16. 4st 7lbs.
15. Jackie Collins Existential Question Time
14. The Convalescent
13. Tsunami
12. Further Away
11. Yes
10. Interiors (Song For Willem de Kooning)
9. P.C.P.
8. The Everlasting
7. Sepia
6. A Design For Life
5. Motown Junk
4. Elvis Impersonator/Blackpool Pier
3. Faster
2. Kevin Carter
1. Little Baby Nothing
Para escuchar los discos en Spotify:
Generation terrorists
Gold Against The Soul
The Holy Bible
Everything Must Go
This is my truth tell me yours
Lipstick Traces
Lifeblood
Send Away the Tigers
Journal For Plague Lovers
lunes 8 de junio de 2009
sábado 6 de junio de 2009
¡Yo!

La foto la hice en un espejo del Parque Tivoli de Copenhaguen... ¡Que lugar! La cuestión es que es un parque de atracciones y yo, claro, pues no tenía demasiada gana de ir. De hecho, el año pasado, durante mi primera visita a Copenhaguen, pasé de entrar. Uno tenía en mente el Parque de Atracciones de Madrid y, mira, paso.
Este año, invitado por la Oficina de Turismo de Copenhaguen (Wonderful Copenhaguen), tenía una tarjeta que me permitía entrar gratis al Tivoli. Una tarde, volviendo ya al hotel -estaba en Vesterbro- decidí entrar, a ver qué tal. Pero bueno, sin demasiadas expectativas. Estaba anocheciendo y parecía un buen plan para matar un ratillo antes de ir al hotel.
Me quedé tres horas.
En primer lugar, es un lugar que está exageradamente bien cuidado, todo limpito y lustroso con el cesped en perfecto estado y los puestos de comida impolutos. Pero lo más importante es que es un lugar de fantasía absoluta, uno de esos sitios en los que parece que no existe más que alegría. Sí, pueden resultar un poco falsos, pero durante un ratín, merecen la pena.
Al grano: ¿Qué diantres es el Tivoli? Pues un viaje a las ferias del pasado, con atracciones clásicas: montaña rusa, coches de choque, avioncitos que suben y bajan para los niños y cosas así. Además, está lleno de puestecitos en plan tiro al plato, el juego de la rana, máquinas para probar tu fuerza... Y claro, sitios de comida: gofres, palomitas de maiz, piruletas, perritos calientes, comida china: apetece probar de todo. Es fantástico.
Por si fuera poco, tiene varios auditorios cubiertos en los que suelen programar música clásica y bandstands en los que toca la Tivoli Big Band, que interpreta standards de jazz estupendamente. Hacen varias sesiones a lo largo del día y, por supuesto, me tragué una de ellas entera.
En fin, que me sentí como un niño pequeño otra vez. Salí con cara de idiota feliz.
El Parque Tivoli está en pleno centro de Copenhague y esta es su web: www.tivoli.dk
miércoles 3 de junio de 2009
martes 2 de junio de 2009
Decíamos ayer...
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